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José Antonio Canedo: ‘El género no se puede demostrar’

Conversación tranquila de @jmfrancas con José Antonio Canedo, víctima de la ley de violencia de género, una de miles.

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JMF: ¿Víctima por?

JAC: Digo que soy víctima de la ley de violencia de género, porque se ha hecho un uso fraudulento de esa ley contra mí. Quiero pensar que la ley se promulgó de forma bienintencionada, pero está tan mal hecha, que es muy fácil utilizarla como un arma, para conseguir intereses particulares, especialmente en asuntos tan delicados como divorcios, y especialmente, la custodia de menores, como fue mi caso.

JMF: ¿Cuál fue tu caso?

JAC: De forma muy resumida, un año después de haberme divorciado, y cuando hacía casi dos que la hasta entonces mi mujer tenía otra pareja, me denunció por violencia de género cuando vio peligrar la custodia de nuestros dos hijos. Es una forma rápida y barata de conseguir ventajas judiciales, económicas y de todo tipo, que además no suele tener consecuencias para la denunciante aunque no sea verdad lo que demanda. Es decir, cuando me denunció por violencia de género, llevábamos más de un años sin convivir, y aún así se siguió todo el protocolo, que ha tardado tres años y medio en resolverse como absolución en firme recientemente.

JMF: Y, ¿qué te pasó?

JAC: Se me impuso una orden de alejamiento “temporal” hasta que hubiese una sentencia, lo cual resultó ser nada menos que tres años. En ocasiones, para ver a mis hijos, que son bastante pequeños, tenía que recogerlos o entregarlos en Comisaría. Durante ese tiempo, si yo estaba a menos de 500 metros de ella, me podían detener, aunque yo hubiese llegado incluso una hora antes, como sucedió en una ocasión, o en otra en la que me hizo detener en Alicante, mientras ella estaba en Madrid. En total me han detenido en cuatro ocasiones, dos de la cuales han significado pasar tres días en los calabozos de Comisaría en ambas ocasiones. Todo eso te va demonizando ante los jueces, el colegio, las amistades, todo el entorno. Te puedes imaginar el impacto laboral y psicológico, sin saber qué va a ser de ti, si vas a poder volver a ver a tus hijos, si vas a tener casa. Además, pedía nada menos que un total de casi 11 años de prisión. Sin saber cuándo va a ser el juicio, van pasando los años, en mi caso han sido tres.

JMF: ¿Quién te pedía prisión?

JAC: La Fiscal pedía unos 5 años, en caso de que se me considerase culpable. A mi ex mujer le pareció poco y sumaba casi 11 años.

JMF: ¿Nadie pudo parar el proceso?

JAC: El proceso, que yo sepa, no se puede parar. O te absuelven, o te condenan. Ni la Policía ni los Juzgados se quieren pillar los dedos, procesan a todo el mundo, y si te trituran por el camino, peor para tí, a ellos no les va a pasar nada. Realmente, como el proceso va a seguir su curso, lo que intenté, por lo menos en dos ocasiones, es que me juzgasen antes, para tener por lo menos la oportunidad de defenderme, pero no se aceptó. También intenté detener el proceso, pero el Juzgado me ignoró. Tras reflexionar con mi abogado, el Sr. Javier Beltrán, llegamos a la conclusión de que, dado el tiempo transcurrido, era mejor no insistir, ya que, de admitir mis argumentos, se volvería a reiniciar el proceso, con lo cual se alargaría aún más años, y con ello la orden de alejamiento, la incertidumbre y demás. Sin embargo, creo que el argumento que utilicé, puede ser la clave para detener operatividad de la ley, especialmente si se utiliza al comienzo del proceso. Una forma de que los hombres dejen de estar indefensos ante esta ley, que ha sido al parecer la más recurrida de la democracia, sin éxito.

JMF: La fiscal ¿no vio que olía mal la cosa?

JAC: No sé si le olía mal o no, o si le importó o no, el trabajo de la Fiscalía es acusar, pedir pena, y eso hizo.

JMF: ¿Al final absolución?

JAC: Sí, ya estoy absuelto. Pero eso no significa la tranquilidad absoluta, ya que me puede volver a denunciar cuando quiera, ya que no hacen falta pruebas, con solo su palabra basta para reiniciar el proceso, una y otra vez. Suelo poner como ejemplo que si robas un banco, si te cogen y vas a la cárcel, cuando sales ya no tienes nada que temer, y si no te cogen, cuando prescriba el delito, ya no te pueden procesar por él. Pero si dentro de 40 años me choco con ella doblando una esquina, todavía seré su ex pareja, y se me podrá aplicar la ley.

JMF: ¿De qué argumento importante me hablabas antes?

JAC: Creo se puede conseguir que esta ley deje de aplicarse de una forma bastante sencilla. La clave está en la misma trampa que se utilizó para conseguir aprobarla, y en cierto modo, que el Tribunal Constitucional no la tumbase con alguno de los recursos interpuestos. La ley se llama de violencia de Género. Se utilizó esa palabra como alternativa a sexo, para pasar el filtro de la Constitución, que prohíbe la discriminación por ese motivo. Y tengamos claro que es una discriminación. Me hace gracia el término “discriminación positiva” porque eso significa que es positiva para el beneficiado, pero negativa para el perjudicado. Discriminación es siempre discriminación, y siempre ha significado beneficiar a uno respecto a otro, aunque la apellidemos para edulcorarla. Pero lo mejor de que se haya utilizado el término “género” como tapadera, porque ese ha sido su empleo, es que la misma trampa que se utilizó para aprobarla, es el mismo talón de Aquiles que debe hacerla dejar de funcionar. El género no se puede demostrar. Por lo tanto, nos están procesando a muchos hombres (la mitad de la gente que me encontré en los calabozos algún día, estaban por algún asunto de género, aunque en ocasiones llevaban meses o años sin estar con sus parejas, eso extrapolado a toda España, cada día, son miles de hombres al año) pues bien, nos están procesando a varones de sexo masculino, dando por hecho que somos de género masculino, sin que haya definición de qué es el género.

JMF: Explícate más, por favor.

JAC: A ver si consigo explicarlo con un ejemplo. Cuando me divorcié, el Juzgado de Familia exigió que se demostrase la “Vecindad civil Valenciana”, ya que esa es la Comunidad en la que resido, para ver si a mi divorcio se aplicaba la normativa nacional, o la específica de la Comunidad Autónoma. Es decir, no dieron por hecho de que por ser el juicio en Alicante, yo fuese alicantino, ni aunque lo pusiese mi DNI, ni aunque presentase un certificado de empadronamiento, no. Para que se me aplicase la legislación autonómica, tenía que acreditar la Vecindad Civil.

JMF: ¿Y?

JAC: Si ahora trasladamos el ejemplo al género, para que a cualquier persona se le pueda juzgar con esta ley, habría que demostrar cuál es su género, sin suponer que es el mismo que el sexo reflejado en su DNI. Es decir, la ambigüedad que se utilizó para aprobar la ley, es su punto flaco. El género no se puede demostrar, no se puede certificar. Teóricamente, hasta se podría cambiar de género cada día. Y sin embargo se ha basado todo una Ley, con consecuencia penales, en un concepto etéreo e intangible. ¿Qué significa esto? Pues que sencillamente lo que propongo es que, cuando la Policía o el Juzgado tome declaración a un acusado por esta ley, simplemente diga que su género no está demostrado, por lo cual no se le puede aplicar la ley. Pero aún hay más. Puede decir “ha certificado mi ex mujer que su género es femenino, como para que se le pueda aplicar esta ley a su favor” Por lo tanto, la ley es inaplicable, y lo bonito es que lo puede hacer por sí mismo cada acusado o su abogado. No sé si me he explicado con claridad, porque sé que es un concepto novedoso.

JMF: Pero esto poco importa a los defensores de la ley…

JAC: A los defensores de la ley no hay que convencerlos, tienen sus intereses políticos y económicos, lo que hay que hacer es ignorarlos y hacer que la ley se derogue, o por lo menos deje de poder aplicarse. Esto debería estar entre interrogantes: “¿Ha certificado mi ex mujer que su género es femenino, como para que se le pueda aplicar esta ley a su favor?”. La supuesta víctima, debe de demostrar que la ley le ampara. Debe certificar su género. Y eso es imposible, porque el género, en teoría, es la forma en cada uno se “autopercibe” o el rol que desempeña en la sociedad, lo cual también es bastante etéreo.

JMF: Pero… Los defensores de la Ley son los únicos que pueden cambiarla: los políticos. Como la pongas en duda o la critiques eres un machista asqueroso y además niegas la violencia a las mujeres…

JAC: Yo no generalizaría con que los políticos son los defensores de la ley. Muchos sí, y no es más que una herramienta de recaudación de votos, ya que si quisieran realmente defender a las mujeres, hubiesen hecho una ley en condiciones. Pero no todos los políticos la defienden. Y la ley no sólo la pueden cambiar los políticos, también la pueden cambiar los tribunales a diferentes niveles. Pero, aunque es lo deseable, y se puede cambiar, aunque es prolijo explicar cómo, ni siquiera haría falta cambiarla para que dejase de condenar injustamente a los hombres. Simplemente hay que exigir que se acredite el género de la denunciante. Así de sencillo. Ni la policía puede progresar más allá de la detención o interrogatorio, ni el Juzgado abrir un proceso bajo los términos de esta ley. La violencia a las mujeres existe, y a los niños, y a los hombres, y a las personas mayores, y a las dependientes, y a todos ellos hay que protegerlos, pero sin buscar réditos políticos y respetando los derechos jurídicos básicos de las personas.

JMF: ¿Quieres añadir algo?

JAC: Sí, una cosa me gustaría que quedase clara, es la siguiente. Si te acusan de violencia de género, pide que la denunciante demuestre de forma fehaciente que su género es femenino y que esa ley se puede aplicar. No pierdes nada, y creo que se puede conseguir muchísimo. Muchas gracias por tu tiempo y tu interés.

JMF: Gracias a ti y ánimo, un abrazo.

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Escrito por Josep Maria Francàs

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