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Alesia Slizhava: ‘Belarús es un país unitario’

Conversación tranquila de @jmfrancas con Alesia Slizhava,  bielorrusa, profesora de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid.

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JMF¿Qué ocurre en Bielorrusia?

AS: Tras el anuncio de la victoria de Lukashenko en las elecciones presidenciales bielorrusas del pasado 9 de agosto se vienen produciendo manifestaciones. El actual presidente se está enfrentado a una mayor oposición pública que nunca antes en sus 26 años de gobierno; y, todo ello, en medio de una gestión bastante criticable de la pandemia por el coronavirus y la crisis económica profunda que sufre el país. La gran parte de la población está exigiendo el recuento alternativo de votos, el cese de su gobierno y la convocatoria de unas nuevas elecciones.

JMF: ¿Qué cambiaría un recuento?

AS: Según los resultados oficiales, Alexander Lukashenko ganó con el 80,23% de los votos y Svetlana Tijanovskaya, la principal opositora, con el 9,9%. Las encuestas alternativas ofrecen números muy diferentes; según estos, Lukashenko habría obtenido alrededor del 10% y Tijanovskaya por encima del 70%. Los resultados y encuestas alternativas fueron tan dispares que gran parte de la sociedad civil cree les han robado sus votos.

JMF: Y como saber cuál fue el resultado real, ¿hay manera?

AS: Lamentablemente, es muy difícil poder decir con un cien por cien de certeza cuáles han sido los resultados reales. Ni la Oficina de Instituciones Democráticas y Derechos Humanos de la OSCE (OIDDH), ni la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa (PACE), ni otros organismos reconocidos internacionalmente enviaron sus misiones de observación a las elecciones presidenciales de Belarus. Por otro lado, la Comisión Electoral Central de Belarus introdujo ciertas restricciones antes y durante la votación justificándose con el coronavirus.

Pero unos días después de las elecciones, un informático de la empresa EPAM Systems Pável Liber y coautor de la herramienta informática Golos presentó un informe del recuento alternativo de votos así como el mapa de los colegios electorales. La conclusión de estos informes asegura que en un tercio de los colegios los resultados fueron falsificados.

JMF: Visto el panorama, ¿cómo piensa que pueda acabar esto?

AS: Los acontecimientos están desarrollándose de una forma intensa y continua. Las manifestaciones nunca fueron tan masivas en Belarus, y parece que están lejos de acabar. La ciudad más numerosa y activa es sin duda Minsk, la capital, aunque en otras, sobre todo los fines de semana, se reúne gran cantidad de población exigiendo nuevas elecciones según los estándares internacionales, que paguen los responsables que han cursado las órdenes de una represión y la liberación de los opositores y presos políticos.

Por iniciativa de Svetlana Tijanovskaya, según muchos, la verdadera triunfadora en estas elecciones, y que ha tenido que exiliarse en Lituania, se ha creado un consejo coordinador para el traspaso pacífico del poder. Iniciativa que Lukashenko no ha reconocido, naturalmente, afirmando que no representa la sociedad civil. Todos los intentos por establecer un diálogo entre el consejo y el poder actual no han tenido éxito, porque Lukashenko niega legalidad al consejo, cuyos líderes o ya están encarcelados o fuera del país. Tampoco han tenido éxito los intentos del consejo de establecer un diálogo con Rusia, que es el principal actor internacional. El panorama que hay ahora mismo es este: ausencia de diálogo entre los manifestantes y el poder actual, una reelección no reconocida por muchas naciones; salvo Rusia, China, Venezuela, Cuba, algunos países de la CEI y pocos más; la UE y otros muchos países occidentales tienen diálogo con la oposición pero no con Lukashenko, y este no quiere hablar con la UE, con la que antes de las elecciones confiaba en que fuera uno de sus socios preferentes, y solo quiere hablar con Rusia, viajando a Sochi para entrevistarse con Putin, al quien hace tan solo unas semanas ridiculizaba. Este cuadro presenta una solución compleja que solo se puede desbloquear con un diálogo interno poder-sociedad civil que estuviese respaldado por Rusia y Occidente.

JMF: ¿La Rusia de Putin pretende anexionarse Bielorrusia?

AS: Hace unos años, a finales de diciembre de 1999, Moscú y Minsk firmaron un acuerdo sobre la creación del Estado de la Unión. Eso implicaba en un futuro tener un espacio económico y financiero común, de política exterior, la unificación de los mercados de energía, transporte, aduanas…, conservando cada nación su soberanía, integridad territorial, estructura estatal y sus leyes. Los procesos de integración entre ambos países dentro de esa organización se fueron desarrollando lentamente hasta 2019. En marzo de 2020, Moscú propuso a Minsk la creación de 12 instituciones supranacionales. Y en julio, el embajador bielorruso en Rusia, Vladimir Semashko anunció que Moscú había propuesto a Minsk transferir el 95% de los poderes estatales a un nivel supranacional. En realidad, han pasado ya veinte años y pienso que en esa unión no está interesada ni la sociedad civil rusa ni sobre todo la bielorrusa. Y en las circunstancias actuales, Rusia no se atreverá anexionarse Bielorrusia, al menos al modo y manera de lo ocurrido con Crimea. Y de otro lado, Putin debe mostrase cauto conociendo perfectamente las desventajas económicas y políticas que tal hecho podría llevar, independientemente de que ahora Rusia no se encuentra en su mejor momento. Vamos a ver cómo se desarrollan los acontecimientos después del viaje que este 14 de septiembre ha realizado Lukashenko a Sochi, pero el hecho de que haya sido recibido a nivel de un gobernador tampoco dice mucho a favor de la situación en Belarus. Por otro lado, las cuestiones de legitimidad a la hora de firmar cualquier acuerdo y las tensiones posteriores con la UE serían muy negativas para Putin, quien ya tiene bastante problemas con Alemania por el caso del envenenamiento al opositor Navalni.

JMF: ¿Lukashenko es el candidato de Moscú?

AS: Muchos analistas opinan que en este momento el Kremlin no tiene un candidato alternativo claro. Sin embargo tampoco actualmente Lukashenko es un candidato del todo cómodo para el Kremlin.

JMF: Pero, ¿está detrás Moscú de la crisis Bielorrusa?

AS: Está por supuesto al tanto. Hay muchos periodistas rusos montando una narrativa sobre el enemigo occidental y contra Rusia en Belarus. Es la máquina propagandística del estilo Russia today, pero hay otros muchos que no están bajo la órbita del Kremlin. El viaje de Lukashenko a Sochi confirma el interés y el apoyo de Moscú hacia él por el momento. Pero ante todo esta es una crisis interna y habrá que resolver el problema electoral. Los actores internacionales como Moscú o la UE son importantes en cualquier caso. Si después de Sochi observamos que Moscú no va a presionar para firmar los acuerdos de integración, sino para apoyar una reforma constitucional que se abra a la participación de los partidos políticos, la pregunta para todos, incluido Occidente, será cómo y con quién.

JMF: ¿Hay algún paralelismo entre la situación de Ucrania y la de Bielorrusia?

AS: Lo de Maidan fue completamente distinto a lo que está sucediendo en Belarus. Por un lado, en Ucrania estaban los nacionalistas y simpatizantes de estrechar los lazos con la UE (cruzando esa famosa línea roja para los rusos), y por el otro, el presidente ucraniano de entonces Yanukovich, apoyado por Moscú, trató de frenar ese proceso y acercarse mucho a Rusia. El factor externo en la agenda política exterior ucraniana estaba jugando un papel primordial, y como consecuencia ya sabemos lo que pasó; la división entre el Oeste y el Este. Bielorrusia es un país unitario, además aprendió bien la lección de su vecino, por lo que la multipolaridad y a ser posible la neutralidad podrían ser las únicas soluciones. Aunque históricamente algunas regiones del Oeste han tenido mayores vínculos con Europa Occidental y el Este con Rusia (por pocos años y algo muy normal para muchos países europeos, por cierto), por mucho que se quisieran inventar diferencias, es obvio que el país no está dividido, la población de diferentes religiones (ortodoxos, católicos u otros) siempre han convivido en paz. Actualmente los manifestantes lo que quieren es un cambio político interno, y eso lo están subrayando permanentemente, ellos no están en contra de Rusia ni de los rusos. Quieren llevarse bien con todos sus vecinos. Otra diferencia es que Yanukovich salió de Ucrania, lo que no es el caso de Lukashenko, donde las fuerzas armadas y de seguridad son un fiel aliado suyo, y una parte importante de las élites tampoco dicen nada en contra. La situación podría cambiar en el caso de que estos últimos cambiaran de opinión…

JMF: ¿Cuál es el futuro de Bielorrusia? Qué espera que vaya pasando…

AS: Está claro que el sistema actual (tanto económico como político) no funciona, y el país necesita reformas e incluso el cambio constitucional y eso lo aceptan todas las partes. Sin embargo, no hay consenso dentro del país. Unas nuevas elecciones con presencia de organismos internacionales sería un paso fundamental para la estabilidad interna. La represión que estamos viendo actualmente no ayuda al entendimiento y solo movilizan más a la sociedad civil. Las relaciones con actores internacionales como Rusia, siempre van a tener un lugar importante en la agenda política de cualquier candidato, y ello por los vínculos económicos, históricos y políticos. La cuestión es hasta qué punto el Kremlin va a decidir involucrarse visiblemente o no en los asuntos internos del país vecino. Personalmente, como he indicado antes, no creo que Putin se atreva por lo menos ahora a presionar para que firmen los documentos de integración en estas circunstancias, pero el apoyo indirecto de algún candidato distinto en un futuro en las elecciones es más que probable. Belarús es un país muy importante para Rusia, uno de los más fieles aliados hasta ahora. Pero el pueblo bielorruso tiene que elegir por su cuenta y eso sería lo ideal, en el caso contrario no hay garantías de que la simpatía hacia Rusia vaya a permanecer como hasta ahora.

JMF: Gracias Alesia, un beso y estamos en contacto.

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Escrito por Josep Maria Francàs

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