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Alberto G. Ibáñez: ‘Occidente y España viven una crisis existencial’

Conversación tranquila de @jmfrancas con Alberto G. Ibáñez, escritor y ensayista, doctor en derecho y en ciencias de la religiones, autor de varias obras y numerosos artículos. Ya  hemos comentado en este blog su libro «Historia del odio a España». Acaba de publicar un nuevo libro: «La guerra cultural: los enemigos internos de España y Occidente».

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JMF: ¿De qué enemigos internos de España y Occidente trata tu libro?

AGI: El libro parte de una tesis: todos los sistemas y organizaciones caen o fracasan no tanto debido a la acción de sus adversarios o competidores externos, sino por los enemigos internos, los más terribles de todos porque suelen pasar desapercibidos o presentarse como nuestros más cercanos amigos. Hoy Occidente y España viven una crisis existencial que no por casualidad coincide en el espacio tiempo porque comparten enemigos y debilidades internas, aunque España los tenga por triplicado.

JMF: Pero, ¿cuáles son esos que España tiene por triplicado?

AGI: El libro disecciona la fenomenología de los enemigos internos, aunque advierte que como la lista es numerosa, no están todos los que son aunque sí son todos los que están. A Occidente le dedico cuatro capítulos, y a España cinco. Es difícil resumir en pocas líneas, pero podría decirse que España se singulariza por algunos hechos diferenciales, que la hacen más frágil que el resto de Occidente. Cabría destacar: nuestra ingenuidad (verdadero vicio nacional), la división y algunos inveterados complejos, una tendencia a vivir en el exceso y el sectarismo cainita y autodestructor, un modelo educativo al que dedicamos más recursos que nunca pero que nos coloca al final de la lista de PISA, una ciclogénesis explosiva que amenaza por destruir el régimen del 78 (que nos había colocado entre las mejores democracias del mundo) y, por último, una operación cuidadosamente articulada para romper España, que deriva de un localismo excesivo (que ya acabó con la I República y, en parte también con la II), pero que desborda este fenómeno. En resumen: la ingenuidad, el sectarismo y el localismo extremo. Por otra parte, aunque España ha mejorado social y económicamente en los últimos años, hay algunos aspectos que muestran algunos errores que normalmente pasamos por alto. España tiene uno de los peores datos de paro y fracaso escolar de la OCDE. Pero también suspendemos en materia de corrupción (al menos su percepción), seguridad (España es el país de las rejas en las casas), en consumo de drogas (líder de Europa en consumo de drogas entre jóvenes si juntamos cocaína y cannabis) o el tercer país europeo con más consultas al psiquiatra. Estos datos también dan a entender que «el modelo de vida español» tiene sus goteras que no queremos ver, porque pone encima de la mesa la cuestión de los valores y si existe una moral compartida.

JMF: La ingenuidad, debe tener mal arreglo ¿no?

AGI: La ingenuidad es el hecho característico de los españoles que se identifican con D. Quijote, que más que ingenioso hidalgo era el prototipo del ingenuo hidalgo, sin quitar sus muchas virtudes como novela. Nos pasamos la vida discutiendo entre nosotros quién es galgo y quién podenco, mientras los demás se aprovechan para robarnos la cartera. Los demás países se han creado frente a un enemigo, fuera real o no, exterior. Nosotros nos desangramos en debates interminables para buscar el enemigo dentro, tanto si miramos al pasado como en el presente. Por eso cuando pedimos euro-ordenes nos la niegan. o ¿alguien duda que si Puigdemont fuera corso hace tiempo que estaría en prisión en París? Esta ingenuidad lleva también a elegir de todas las posibles versiones de nuestra historia la que más daño nos hace y más nos divide.

JMF: Habrá que acostumbrase entonces a sobrevivir con este defecto casi genérico o ,¿tiene cura?

AGI: Yo suelo decir que forma parte de un virus cultural que ha contaminado el tejido social. Los virus tiene cura, pero como vemos con el virus biológico que estamos padeciendo a veces no es fácil encontrar la vacuna. Aunque un buen paso es comenzar por reconocerlo.

JMF: Y, ¿qué hacemos con el sectarismo? es miserable…

AGI: El sectarismo siempre ha existido. Don Rodrigo perdió la batalla de Guadalete por la traición de los hijos de Witiza y don Opas, aunque se arrepintieran cuando era tarde. Pero en el siglo XIX comienza a desarrollarse como un verdadero virus político, que llevó a tres guerras civiles, a que Amadeo de Saboya se despidiera de nosotros diciendo aquello de: «Si fuesen extranjeros los enemigos de [la patria], entonces, al frente de estos soldados tan valientes como sufridos, sería el primero en combatiros; pero todos los que con la espada, con la pluma, con la palabra agravan y perpetúan los males de la nación son españoles». Y, poco después, Estanislao Figueras (junio de 1873) abandonaría la presidencia de la Primera República con un «estoy hasta los cojones de todos nosotros». Ese virus se convierte en el siglo XX en verdadera epidemia, que al parecer amenaza con seguir en el XXI.

JMF: ¿Solo amenaza? Yo lo veo hispandémico total y desbocado…

AGI: En efecto, ya dijo Bartrina aquello de que el español es el único que critica a otro español. Podríamos ir más allá y decir que el mayor enemigo de un español es siempre otro español. Caso inaudito en el concierto de naciones. Por supuesto que es legítimo el debate entre ideas y concepciones, pero sobre la base de un marco de valores y objetivos compartidos. Esto último parece que lo habíamos conseguido lograr con la Constitución de 1978, pero de nuevo aparece la España pendular que le gustan los bandazos. Ahora algunos parece quiere construir paraísos hipotéticos sobre la base de destruir lo que hemos construido entre todos. Parece como si tuvieran alergia a la estabilidad y el equilibrio.

JMF: Nos quedan los localismos, ¿qué se puede hacer con ellos?

AGI: Los localismos son otra forma de sectarismo ya que se trata como éste de poner el interés de un grupo o una casta (incluso hay quien todavía habla de «raza») por encima del interés general. Lo verdaderamente inaudito es que este movimiento decimonónico y medieval, pues parece querer recuperar la España feudal y reconocer los privilegios territoriales, sea apoyado o al menos cuente con la comprensión de parte de nuestra clase política «nacional» e incluso de la izquierda y del mundo de lo que se denomina «cultura». En nombre de la igualdad se apoya a quien quiere acabar con la igualdad entre españoles. Esta operación de romper España, y por tanto de dar carta blanca al localismo exacerbado, no podría haber triunfado, o estar cerca de hacerlo, sin los otros dos elementos: la ingenuidad y el sectarismo. Es el vértice del triángulo que algún día se estudiará en los libros de Historia: ¿Por qué fracasó España?

JMF: Hemos hablado de tus tres enemigos internos resumen, quedan todos los demas para que el que se interese corra a leer el libro… Un abrazo y mil gracias como siempre, pero antes dame una nota de esperanza…

AGI: A lo largo del libro voy ofreciendo propuestas integradoras para superar este debate tóxico y polarizado que vivimos donde dos verdades antagónicas se presenta como ciertas. Mi último capítulo concreta este modelo alternativo sobre la idea de un «renacimiento cultural», que partiría de mirar al pasado sin ira para reconocer lo bueno que hemos tenido y aprender de nuestros antepasados cuando superaros retos parecidos o mayores a los nuestros, con muchos menos medios, y así prepararnos para saltar adelante y ganar el futuro. No escondiendo el lado oscuro de la vida, sino preparándonos adecuadamente para hacerle frente. A esto lo llamo también «modernición»: una sabia y equilibrada combinación de tradición y modernidad  para poder saltar hacia delante reforzados y con la mochila llena, discurriendo por el camino del medio. Y ello como alternativa a la postmodernidad que no ha traído el paraíso flexible que prometía sino una sociedad cada vez más gaseosa, débil y enfrentada. En resumen, como dicen los franceses, en la vida a veces procede: «reculer pour mieux sauter”.

JMF: Un abrazo Alberto y a por el siguiente libro.

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Escrito por Josep Maria Francàs

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